martes, 24 de enero de 2017

Difícil de explicar

Nunca se dijo que fuera fácil. Intentar describir en palabras las impresiones y sensaciones sobre algo es una tarea difícil de realizar. Es posible que me equivoque, que acierte o que me olvide de algo pero a pesar de ello lo voy a intentar.

Ser gaditano es difícil de explicar. Es más que un sentimiento. Es un flujo de emociones que solo el que nace allí es capaz de sentir. Aunque no lo parezca y sea cada vez más conocido, resulta complicado explicarle a alguien ajeno al Carnaval que cuando llega febrero comienzan a aflorar nuevos sentimientos a ritmo de 3 x 4. El compás se apodera de una gran parte de la población y durante una temporada, que en algunos perdura casi todo el año,  no somos capaces de escuchar y cantar algo diferente que no sea Carnaval. Dicen que hablamos cantando y es que por algo será. El Carnaval es esencia y cuando las cortinas se abren se da inicio al espectáculo que, oficialmente, dura una semana pero que a todo gaditano le acompaña gran parte del año. Se ha convertido en un acontecimiento cada vez más internacional y donde la ironía, la satírica, la crítica, la diversión y la poesía hacen acto de presencia.

Cádiz no es solo Carnaval. Dejamos nuestra gran fiesta para meternos en otra donde el sonido de la horquilla la convierte en singular. Sin querer quitar mérito a las demás, no tenemos la Semana Santa más televisada ni laureada de España pero tenemos algo característico que la convierte en diferente y por la cual el gaditano tiene fe, disfruta, siente y llora. De Domingo a Domingo vivimos con respeto la esencia de la Semana Santa y en todo ese tiempo acompañamos y disfrutamos la procesión de nuestras queridas imágenes.

Llega el verano y Cádiz se engrandece. El levante y el poniente comienzan a batallar mientras la tacita brilla con luz propia. Las playas, que destacan en el territorio nacional, se llenan de gaditanos y turistas que disfrutan de la naturaleza de una forma ejemplar. La costa gaditana es única pero si hablo de playas tengo que hablar de ella. Historia, singularidad y magia se juntan para dar nombre a La Caleta. Como bien dice la letra de una comparsa a la que da nombre: "es el embrujo sobrenatural de esa diosa del mar". Y es que para mí, la Caleta es la cuna de verano de donde jamás quiero despertar y mi camino de invierno donde siempre pasear. Para saber apreciar lo que la Caleta significa hay que ir y disfrutar un día entero allí. De esa forma podrás contemplar los castillos que la rodean, las piedras que se asoman en la bajamar para luego ocultarse en la pleamar, el Balneario que abraza a su gente y la variedad de barquitas que se giran mirando al sol cuando este decide ocultarse tras el mar. Termina el verano y Cádiz se engalana para disfrutar de su patrona. Los patrones, a la entrada de la ciudad, la custodia y os dan la bienvenida mientras que la Virgen del Rosario resguarda a los gaditanos de cualquier mal.

Sin embargo, no penséis que el resto del año Cádiz no palpita. Esta ciudad se mantiene viva día a día. Tan viva como su historia. Más de tres mil años la ampara y sus plazas y monumentos dan fe de ello. Un teatro romano da prueba de que el enclave de Cádiz fue importante. Sus torres miradores alertaban de los movimientos en el mar y una Catedral que contempla cada día la caída del sol son algunos de los muchos rincones que la tacita te puede mostrar.

Mención especial merece el gaditano. Persona alegre y jovial, que sabe reírse de sí mismo y que sabe afrontar las penas con una sonrisa. El carácter del gaditano es así. Te intentará decir las cosas con “ange” (como decimos  allí), sin menospreciar a nadie y con la alegría característica del lugar. Un gaditano nace con la convicción de que hay luchar y salir adelante. Luego, lo podrá hacer bien o mal pero al menos siempre lo intentará.

Pero no todos son piropos. El aspecto laboral es su gran lastre y por ello muchos gaditanos nos tuvimos que marchar con la pena que solo el que lo sufre puede explicar. Todos, incluso los que ya tenemos una vida en otro lugar, queremos que este asunto se vaya solventando con la rapidez o lentitud que precise pero que se haga de la mejor manera posible para que las futuras generaciones de gaditanos no tengan que abandonar su tierra. Yo tuve suerte y a pesar de todo no guardo rencor por no labrar mi futuro en el lugar donde nací pero tampoco quiero que tu, Cádiz, me lo guardes a mi por salir de allí. Tuvimos que separarnos. Los motivos eran importantes pero quiero que sepas que cada día que pasa te sigo teniendo presente y que sospechar una vida sin pronunciarte es sencillamente inimaginable. Por más veces que vaya a verte y quiera acostumbrarme es imposible que, a la vuelta, desaparezca el nudo en la garganta. Ese pellizco nunca se va. Cerrar la puerta del coche y decir hasta otra es algo a lo que no me acostumbro. No soy capaz de dejar de hablar de ti por un día y quiero que sepas que a pesar de estar en otro sitio no olvido mis raíces.

Este gentilicio es difícil de explicar y aunque no pretendo comprensión quiero que sepan que sin elegir ser gaditano me alegro de serlo. Cádiz, eres parte de mi  y por ello te seguiré, te visitaré, te querré, te mimaré, te defenderé, te cuidaré y nunca te olvidaré.


Cuack! 





viernes, 28 de octubre de 2016

Hakuna Matata

Parece que hemos llegado a su fin. La etapa del “bloqueo político”, como algunos la han denominado, ha concluido pero con diferentes sensaciones y resultados. Hay quien lo celebra y quien no. Hay quien entiende la forma de desbloquear la situación y otros que están totalmente contrariados y además se sienten traicionados. Muchas posturas han encasillado el dialogo que los ciudadanos han votado. Aun así, sea como fuere tendremos gobierno.

Han pasado más de diez meses desde aquel 20 de diciembre del pasado año para que la situación se resolviese y sin embargo, desde esa fecha, hemos vivido una época en la que han seguido primando otras razones y factores por encima de los valores fundamentales que deben prevalecer para formar un gobierno de garantías y que ofrezca seguridad al ciudadano. En todo este tiempo he echado en falta la razón principal por la cual debemos guiarnos; las propuestas. Más de diez meses de estrategia, de imponer quién debe abstenerse, de quien debe seguir luchando en minoría y de infinitas sorpresas. Mientras tanto seguimos sin saber qué medidas pueden ser las oportunas para mejorar el empleo o que propuestas pueden ser beneficiosas para la sanidad o educación. En este tiempo han seguido saltando casos de corrupción, los telediarios han retransmitido juicios como las “Tarjetas Black” o el famoso “caso Gurtel”, nuestra deuda pública sigue en aumento, las cifras de déficit siguen superándose por día, descubrimos que la hucha de las pensiones se va quedando cada vez más vacía y la izquierda vive la mayor ruptura de la democracia. A pesar de todo eso, y de otras muchas situaciones que faltan, no se ha escuchado nada sobre como paliar esa corrupción, como modificar el código penal para poner condenas ejemplares, como conseguir reducir la deuda, como garantizar un sistemas de pensiones efectivo, como establecer un sistema de conciliación laboral para que hombres y mujeres puedan trabajar y contribuir a la sociedad a la vez  o como imponer propuestas para que de una vez por todas el desempleo baje.

Puedo llegar a ser repetitivo pero siguen escaseando valores como la coherencia, el sentido común y la responsabilidad. No somos consecuentes con nuestros actos y  muy pocas empresas llevan a cabo la responsabilidad social corporativa que ellos mismos crearon y cuyo fin es de interés social. Los que están en el hemiciclo no imponen sentido común a muchos de sus privilegios y la coherencia de algunos obreros se va diluyendo. Bruselas ya nos advierte de que hay que realizar más ajustes y nosotros nos seguimos dando golpes de pecho presumiendo lo “europeos” que somos aunque, en la mayoría de asuntos, nos parezcamos bien poco a ellos.

Por todo ello, siempre me pregunto: ¿Somos una sociedad ignorante o sabemos lo que ocurre pero aún así nos vence el pasotismo? ¿No nos afecta lo que sucede? ¿Nuestra sociedad esta apalancada y no es valiente? ¿El conformismo se ha apoderado de nosotros de tal forma que no exigimos responsabilidades? Menos mal que lo más fácil es saber decir: Hakuna Matata.

Cuak!





miércoles, 12 de octubre de 2016

Un ángel vino a verme

Sin alas ni aureola, tan solo con una sonrisa. Una fresca noche de primavera me iba a presagiar lo que en el futuro sería la mayor de las alegrías y la mejor de las compañías. Atravesaba una etapa de incertidumbre en ciertos aspectos de mi vida y me hallaba sumergido en una soledad sentimental en el que las prisas me podrían llevar a malas decisiones. Con el fin de buscar el equilibrio emocional,  llegó a mí, en forma de mujer, el conjunto de características y cualidades que buscaba y que además necesitaba. Un ángel de pelo rizado apareció una noche y día a día no para de demostrarme que ese encuentro no fue casualidad sino uno de los momentos más importantes de nuestra historia.   

Se puede escribir mucho sobre los sueños pero cuando ves que se convierten en realidad solo debes pararte a disfrutar, deleitarte con lo que ves y aprender de lo que te da. La vida es más fácil si consigues encontrar a un ángel que te proteja sin que te des cuenta, que te aliente de ánimos sin ni siquiera decir una palabra, que te mime sin estar a tu lado o que te motive día tras día sin necesidad de repetirte lo que tú quieres escuchar. En ocasiones, nos dejamos llevar solo por sentimientos y en otros momentos por lo que nuestra mente nos dice pero lo mejor es actuar en equilibrio. Un ángel es aquel que te ayuda a llegar a ese equilibrio, que te tiende su mano cuando estas derrumbado y que ríe contigo cuando estas animado. Cerrar los ojos y saber que un ángel te acompaña es síntoma de tranquilidad, equilibrio y paz.

Todos tenemos un ángel pero algunos tienen la osadía de no saber apreciarlo. En mi caso, mi ángel no se da cuenta pero es la causa de todo, de mis alegrías, motivaciones, sueños y felicidad. La vida es mejor desde que está a mi lado y no pienso renunciar a todo aquello que este maravilloso ángel me ha dado. Hoy tengo la suerte de celebrar mi segundo aniversario al lado de ese hermoso ángel que vino a verme y que lo hizo para quedarse. Un ángel que se vistió de blanco hace dos años y que brilló con luz propia. Una luz que solo ella era capaz de desprender y que a día de hoy sigue guiándome en el camino que juntos debemos seguir. Un camino en el que los obstáculos se superan juntos, las caídas son menos dolorosas, los éxitos tienen mejor sabor, las alegrías son comunes y la felicidad se convierte en uno de los pilares básicos de la relación. Gracias por todos estos años y por haber aparecido en mi vida.


Cuak!