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jueves, 28 de mayo de 2020

Superhéroe sin bandera


Otro días más. A tan sólo unos metros, la distancia que puede medir veinte pasos para ser más exactos, ya se escucha. ¡Mamá! ¡Papá! Ya está ahí. Nuestro superhéroe se despertó ¿Qué misión tendrá encomendada hoy? ¿Con que nueva historia nos alegrará el día?

Un nuevo día transcurre. Ya van más de setenta y otro día más está encerrado en su fortaleza, prisión de juguetes o castillo encantado. Llámalo como quieras pero para él, ahora, es el mejor lugar donde tener que ejecutar las difíciles misiones encargadas. Es el lugar que le protege del enemigo. Nuestro único enemigo.

En todos estos días, este superhéroe ha tenido que llevar a cabo, con resignación y sin protestar, varias misiones, como por ejemplo dejar de ver a sus seres queridos. Ha tenido que abordar el cometido de renunciar  varias horas del día a divertirse y aprender al lado de sus amigos. También se le encomendó la difícil tarea de aplazar las visitas de los abuelos. De todas, sin duda, la más complicada de llevar a cabo. Durante muchos días solo veía paredes mientras esperaba la hora mágica para abrir la ventana, salir a aplaudir y sonreír (su gran superpoder). En esa hora parecía que estábamos unidos y él llego a pensar que no se encontraba solo para luchar contra el único enemigo. A lo largo de todo el confinamiento ha cumplido otra misión, no ha pisado la calle pero ahora que ya puede salir ha tenido que recortar la distancia y el tiempo de sus paseos. Sin embargo, aun sigue viendo contrariado como las terrazas se llenan mientras el columpio y el tobogán siguen precintados. Armado con su mascarilla y sin discutir vuelve a la fortaleza. El superhéroe tiene que descansar.  

En todo este tiempo, lo miraba una y otra vez con lástima, orgulloso,  contrariado y sin respuestas. Algo desconocido ahí fuera lo convirtió en superhéroe. No solo ejecutó las misiones anteriormente citadas sino que, a la vez, fue capaz de alegrarnos, divertirnos y mantenernos ocupado en este tiempo tan extraño. Cuando sea mayor le explicaré porque es un superhéroe.

Sin embargo ahora los mismos que aplaudían,  armados con cacerolas y cucharas, se unen al enemigo. Sus capas son banderas y su traición es incierta, al menos hasta dentro de unos días. Están equivocados en el momento y cometen una irresponsabilidad que esperemos no tenga daños colaterales. No soy científico pero a la vista de lo que ha pasado y remitiéndome a los datos, el virus afecta por igual a todos. Esos que se hacen llamar políticos pero sin hacer política animan a la irresponsabilidad que llevada desde la tribuna del orador se puede convertir en el segundo capítulo de esta lucha. El virus, el enemigo verdadero, también afecta a los ignorantes que no cumplen la normativa y que por su ineptitud puede perjudicar al que la cumple. No quiero que mi superhéroe vuelva a estar encerrado y tenga que resignarse por tu irresponsabilidad. Él combate sin hacerte daño. 

Piensen en nuestros pequeños superhéroes  y no bajen la guardia. Guarden la bandera que ya habrá momento de sacarla. La economía se puede reponer, con mayor o menor premura, como así se ha demostrado a lo largo de la historia. Las muertes no.


Cuack



viernes, 28 de octubre de 2016

Hakuna Matata

Parece que hemos llegado a su fin. La etapa del “bloqueo político”, como algunos la han denominado, ha concluido pero con diferentes sensaciones y resultados. Hay quien lo celebra y quien no. Hay quien entiende la forma de desbloquear la situación y otros que están totalmente contrariados y además se sienten traicionados. Muchas posturas han encasillado el dialogo que los ciudadanos han votado. Aun así, sea como fuere tendremos gobierno.

Han pasado más de diez meses desde aquel 20 de diciembre del pasado año para que la situación se resolviese y sin embargo, desde esa fecha, hemos vivido una época en la que han seguido primando otras razones y factores por encima de los valores fundamentales que deben prevalecer para formar un gobierno de garantías y que ofrezca seguridad al ciudadano. En todo este tiempo he echado en falta la razón principal por la cual debemos guiarnos; las propuestas. Más de diez meses de estrategia, de imponer quién debe abstenerse, de quien debe seguir luchando en minoría y de infinitas sorpresas. Mientras tanto seguimos sin saber qué medidas pueden ser las oportunas para mejorar el empleo o que propuestas pueden ser beneficiosas para la sanidad o educación. En este tiempo han seguido saltando casos de corrupción, los telediarios han retransmitido juicios como las “Tarjetas Black” o el famoso “caso Gurtel”, nuestra deuda pública sigue en aumento, las cifras de déficit siguen superándose por día, descubrimos que la hucha de las pensiones se va quedando cada vez más vacía y la izquierda vive la mayor ruptura de la democracia. A pesar de todo eso, y de otras muchas situaciones que faltan, no se ha escuchado nada sobre como paliar esa corrupción, como modificar el código penal para poner condenas ejemplares, como conseguir reducir la deuda, como garantizar un sistemas de pensiones efectivo, como establecer un sistema de conciliación laboral para que hombres y mujeres puedan trabajar y contribuir a la sociedad a la vez  o como imponer propuestas para que de una vez por todas el desempleo baje.

Puedo llegar a ser repetitivo pero siguen escaseando valores como la coherencia, el sentido común y la responsabilidad. No somos consecuentes con nuestros actos y  muy pocas empresas llevan a cabo la responsabilidad social corporativa que ellos mismos crearon y cuyo fin es de interés social. Los que están en el hemiciclo no imponen sentido común a muchos de sus privilegios y la coherencia de algunos obreros se va diluyendo. Bruselas ya nos advierte de que hay que realizar más ajustes y nosotros nos seguimos dando golpes de pecho presumiendo lo “europeos” que somos aunque, en la mayoría de asuntos, nos parezcamos bien poco a ellos.

Por todo ello, siempre me pregunto: ¿Somos una sociedad ignorante o sabemos lo que ocurre pero aún así nos vence el pasotismo? ¿No nos afecta lo que sucede? ¿Nuestra sociedad esta apalancada y no es valiente? ¿El conformismo se ha apoderado de nosotros de tal forma que no exigimos responsabilidades? Menos mal que lo más fácil es saber decir: Hakuna Matata.

Cuak!